Tres hombres

José Francisco Sánchez Sánchez
Paco Sánchez EN LA CUERDA FLOJA

OPINIÓN

YARA NARDI | REUTERS

24 feb 2024 . Actualizado a las 10:31 h.

Me emociona el intercambio de cartas, publicado ayer en exclusiva por The Free Press, entre Alexander Navalny y Natan Sharansky. A Navalny lo asesinó Putin la semana pasada, después de varios años de cárcel, gastados casi enteros en celdas de castigo. Sharansky fue un disidente soviético que pasó por los mismos encierros y fue liberado, tras el colapso de la URSS. Esas cartas conmueven por la integridad de los personajes, fieramente libres incluso encarcelados, por la serenidad que les confiere una intensa lucidez a la hora de juzgar, y por el desasimiento de sí mismos. Cuando alguien le dijo a Sharansky que cómo se le ocurría a Navalny volver a Rusia sabiendo que lo detendrían en el aeropuerto, Sharansky se enfadó: «Es usted el que no entiende. Si el objetivo de Navalny fuera sobrevivir, estaría en lo cierto. Pero lo que realmente le preocupa es el destino de su pueblo y quiere decirles: ‘No tengo miedo y vosotros tampoco deberíais tenerlo'». La libertad se defiende así, quitando el miedo.

Escribía Navalny: «La culpa no es de la KGB sino nuestra, que ingenuamente creíamos que no habría vuelta atrás, a las costumbres soviéticas. Y aún pensamos que no es para tanto que se amañen un poco las elecciones aquí, o que se presione otro poco a los tribunales allá o que se controle un poco a la prensa más allá». Este proceder, concluyen ambos, conducirá a un nuevo colapso de Rusia.

Hoy se cumplen dos años de la guerra en Ucrania, a la que Navalny se oponía. Putin no puede reconocer los cientos de miles de muertos ni los billones gastados (la guerra de Gaza cuesta unos 250 millones/día a Israel, por ejemplo). Así que mató a Navalny con una rabia desesperada que manifiesta su debilidad.